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Una pequeña pasa las páginas de un libro. Conforme lo hace va relatando la historia: “Y entonces vino el real viejito y le probó la zapatilla…” Ella todavía no sabe leer y su construcción del discurso es singular, sin embargo, el conocido cuento contiene todas las claves necesarias para identificarlo. Sin duda alguna las ilustraciones son las que ayudan a la niña a recordar la narración.
La abundancia de las imágenes es una de las características principales de los libros infantiles. ¿Por qué sucede esto? La fascinación que los niños muestran por ellas es prueba incontrovertible de que es uno de los vehículos para convertirlo en lector. ¿Qué le aportan las ilustraciones al chico en este proceso? Teresa Colomer y otros autores (2002) apuntan su importancia: “La ilustración tiene un papel clave de mediación en el camino del lector incipiente hacia significados complejos, tanto si puede apreciarlos conscientemente como si su efecto se mantiene implícito.”[1] La complejidad que ellos mencionan parte de un hecho por demás evidente: el mensaje en estos libros está compuesto por dos códigos, el visual y el escrito, que coexisten, dialogan y colaboran para construir su significado. La conexión entre ellos puede ser más o menos intensa: desde los libros en los que el texto es comprensible por sí mismo y las imágenes únicamente lo acompañan, hasta aquellos en los que una parte del mensaje reside en el texto y la otra está contenida en las ilustraciones ― son los llamados libros-álbum o álbumes ilustrados. Las expresiones de asombro, de gozo, de desconcierto, muestran el significado que pequeños y pequeñas decodifican y revelan un vínculo afectivo con el objeto libro que tienen entre sus manos. Este trabajo se centrará en cómo, gracias a las imágenes, puede construirse el significado y el lazo emocional entre el libro y el lector, lo que influirá en volverlo lector autónomo.
La ilustración se diferencia de la fotografía en que el ilustrador selecciona algunos elementos y elimina otros, enfatiza, selecciona un estilo gráfico específico, una técnica; utiliza color, textura y una composición determinada para ayudar a transmitir el mensaje. “Al igual que el autor de textos, el ilustrador carga con la responsabilidad de interpretar la realidad que les comunica a los niños a través de sus dibujos.” (Doppert, 1999)[2] El ilustrador es un primer lector que filtra el mensaje escrito y su elección acerca de los aspectos mencionados enriquece (o no)[3] el texto.
En sus inicios, la imagen tiene una función referencial. Suele ayudar a los niños a “nombrar” al mundo, pues les da el apelativo de las cosas que le rodean. Libros con objetos cotidianos y diccionarios visuales son muy gustados por los pequeños, pues les permiten ir dominando su entorno.
Adicionalmente, la gráfica va conformando el acervo estético del lector. Tan importante es lo que se cuenta como la forma en que se hace. Los niños y las niñas aprenden a apreciar las imágenes también desde un punto de vista artístico (Fig. 1)[4]. Así, la ilustración puede proponer estilos artísticos que van más allá de lo que el niño suele recibir de la televisión o el cine comercial, de manera que la función referencial se enriquece. “La substancia de efectos que tratan más con el ‘cómo’ de la comunicación que con el ‘qué’… El ‘qué’ de la historia permanece básicamente dentro de los parámetros tradicionales, pero es el ‘cómo’ el que ofrece una nueva lectura de la historia.” (Marantz, 1999)[5]
El proceso de lectura en la infancia
Los adultos leen primero el texto y luego la imagen. En la infancia ocurre lo contrario, primero se ve la imagen, se interpreta, y luego se complementa su mensaje con el escrito. En edades tempranas la mirada tiende a centrarse en la ilustración. Esto ocurre como una consecuencia natural del encuentro del pequeño con el libro, pues en la mayoría de las ocasiones su acercamiento a los cuentos se da desde antes de aprender a descifrar el código lingüístico. Niñas y niños se ven forzados a decodificar la imagen antes de detenerse en el texto. Inclusive, para una pequeña que todavía no lee, las letras son también una imagen, por ello muchas veces se ven juegos de texto dentro de la ilustración. Es por ello que construyen el significado a partir de ambos códigos, el escrito y el visual, en una relación dinámica. A veces interrumpen la lectura de las palabras para expandirla con la información que aportan las ilustraciones y después vuelven a ellas. Conforme crece y la función referencial va perdiendo relevancia, los niños dan mayor importancia al texto.
La ilustración de ¡Muy bien, Dudú![6] (Fig. 2) ejemplifica los conceptos expuestos.[7] El protagonista siente temor de entrar a nadar, sin embargo, es mayor su miedo a la libélula que lo ronda. El ilustrador selecciona únicamente los personajes y su situación, se elimina el resto del contexto. Elige una perspectiva muy acentuada que provoca que la libélula sea mucho más grande que el patito. Así, a pesar de que en su diálogo se muestra poco peligrosa, el terror que provoca se corresponde con su tamaño aparente. La onomatopeya del pinchazo resalta la utilización del texto como imagen. La ilustración ayuda al lector a adentrarse en la mente del protagonista.
El contexto de la ilustración
Así como cada imagen conversa con el texto, también dialoga con las otras que conforman el libro y hasta con el formato.[8] El libro infantil se convierte en un objeto aún más complejo, pues no solamente mezcla los códigos antes mencionados, sino que la manipulación del mismo también es parte del juego de significados, como apunta Doonan (1999): “En el libro ilustrado … los escritores y artistas cuestionan las nociones acerca de cómo se cuentan los cuentos y de cómo se presentan los significados; de cómo se subvierten las convenciones y las técnicas; de cómo se rompen las fronteras entre los personajes ficcionales y los mismos libros ilustrados en los cuales aparecen; de cómo se rompen las barreras entre el editor del libro y el público.”[9] Cada libro se convierte en una pieza editorial única en la que la obra es la edición completa, se trasciende el concepto de género literario y se combina con el de género editorial en una mezcla que hace que se atesore el libro como objeto.
Figura 3. Olivia salva el circo. “Fui Olivia la Trapecista, y Olivia, la Reina del Trampolín.”
En Olivia salva el circo, la protagonista relata su visita a ese lugar y cómo ella rescata la función cuando a todos les da una infección en el oído (Fig. 3)[10]. Cada ilustración ocupa una plana completa, la oración comienza en la página anterior y continúa en hojas desplegables. La imagen cuádruple que se forma a partir de la doble página inicial hace avanzar la historia. El pequeño lector juega con el libro y así, con la protagonista y con el cuento.
La lectura personal
En este juego, no solamente el intelecto, sino también los sentimientos empiezan a relacionarse con la obra. ¿Cómo se generan éstos? ¿Cómo contribuye el ilustrador? “Cada composición transmitirá, ineludiblemente, unas sensaciones determinadas al lector-espectador que se hallan al servicio de la intención de la historia y de las pretensiones de su creador.” (Colomer et al., 2002)[11] El sentido se construye a partir de las experiencias previas, de los referentes comunes que el perceptor encuentra. El acomodo de los elementos, la manera en la que se traducen sus formas, su combinación, y el estilo específico que se utiliza buscan disparar cierta tendencia, ciertas resonancias. El vínculo con los lectores se enriquece al buscar esa respuesta afectiva. Al despertarse cierta emoción empieza una lectura personal, irrepetible, pero sin duda alguna, ese lazo hará la diferencia entre un cuento inolvidable y una historia que se pierde.
El potencial emotivo de las imágenes queda de manifiesto en Lección de piano[12] (Fig. 4). En este cuento, el protagonista se enamora de la maestra de piano de sus vecinos. El texto refleja el profundo sentimiento y la ingenuidad del niño, y la ilustradora debe fortalecerlos. Flusin se centra en el amor y deja de lado los múltiples elementos que mencionan las palabras. Predominan las curvas y los colores suaves; las flores, que el texto no menciona, ayudan a dar mayor romanticismo a la escena. El abrazo del niño que parece prolongarse al teclado; la fusión de éste con el acercamiento de Leticia; el pequeño que parece soñar despierto mientras se distrae de la tarea… Todo contribuye a la evocación interna, es difícil no involucrarse y sentir ternura hacia ese joven enamorado.
Las emociones que se generan varían de acuerdo al lector y a la edad que tiene. Una niña pequeña difícilmente logrará involucrarse con la historia que presenta Lección de piano, pero para cada etapa lectora, los ilustradores encuentran maneras de contactarse con el perceptor.
Imágenes que divierten
Uno de los recursos con el que trabajan los ilustradores es el juego con la función referencial inicial de los elementos. El lector es respetado como un ser inteligente capaz de detectar discrepancias en el significado y la lógica involucrada en el mismo. Es el caso de La historia del pequeño Bábachi[13]. En ella, la mamá ha confeccionado para Bábachi nuevas vestimentas. El pequeño sale a caminar por la selva para estrenarlas y se encuentra con varios tigres que lo quieren devorar. Él, inteligentemente, negocia con cada fiera intercambiando su vida por sus atavíos. El resultado en la ilustración es una burla a los felinos. Su utilización de las prendas resulta ridícula y seguramente consigue una sonrisa, no sólo en el niño, sino en la madre que quizás lo lee con él. Aunque el libro esté originalmente destinado al público infantil, su calidad en cuanto al texto y la ilustración lo desprenden de ese segmento y se convierte en un título disfrutado y valorado a cualquier edad.
Imágenes que deslumbran
Otra herramienta que utilizan los ilustradores es la transformación de los objetos cotidianos. Como ejemplo se puede citar Crispín, el cerdito que lo tenía todo[14]. Este cuento se centra en el tema del consumismo. Presenta la historia de un cochinito que, acostumbrado a recibir de Papá Noel los más elegantes juguetes de moda, esta vez obtiene una enorme caja vacía.
La ilustración plasma un panorama general y congela la tristeza del pequeño al encontrar el regalo. Están presentes referentes conocidos por los pequeños, quienes notan la diferencia en su tratamiento y responden a ella. Todo lo que le rodea transmite la idea de riqueza: la empleada doméstica, la arquitectura, hasta la gigantesca caja va de acuerdo a la opulencia mostrada. El árbol de navidad con su brillo y decorado, diferente a cuantos se hayan visto, es casi cinco veces más grande que Crispín. El tamaño de los objetos comparado con los protagonistas marca la preponderancia de los primeros. Con ellos, el ilustrador aporta uno de los principales recursos de significación. El lujoso escenario contrasta con la congoja del pequeño. Seguramente muchos niños y niñas comprenderán su abatimiento y desilusión al encontrarse como regalo una caja vacía, por más grande que ésta sea.
Imágenes que desprecian
Como ya se ve en el cuento anterior, la posición que ocupan los elementos dentro de la página es muy importante para la transmisión del mensaje gráfico. Si se aúna la acentuación de las actitudes, el carácter de los personajes puede quedar muy claro a quien lo observa. Las aventuras de los jóvenes dioses[15] (Fig. 7) es un volumen que contiene una recreación libre de algunos capítulos del Popolvuh. En esta ilustración, los héroes se enfrentan al Primer Soberbio. El personaje de este fragmento es la encarnación de un adjetivo. El hecho de que su nombre propio sea la característica que lo define subraya su vanidad.
Los colores ocres y terrosos, la piel morena, los accesorios y el fondo que simula la página de un códice recuperan componentes culturales que refuerzan la localización temporal y geográfica establecida en el texto. El personaje está situado en una página derecha, ocupando toda la plana. La soberbia comienza a plasmarse con su posición y tamaño, y se cristaliza al exagerar lo que bien se puede llamar su lenguaje no verbal: su mirada hacia arriba y afuera, los brazos cruzados; hasta las largas plumas de su penacho lo encierran en sí mismo. El resultado es una actitud altanera completamente acorde con lo que el texto desea transmitir: da la espalda al resto del formato y con ello, a los lectores.
Imágenes que preguntan, imágenes que responden
Se hacen notar los libros de imágenes, en los que toda la carga narrativa de la historia está en la ilustración. El significado está en la secuencia de las mismas. Trucas[16] (Fig. 8) es un pequeño ser que tiene una compulsión por pintar con todo lo que encuentra a mano, a pesar de las variadas secuelas que esto le provoca.
En la primera ilustración que se muestra, el protagonista se encuentra con la sección de un lápiz. Es un objeto conocido por los lectores, quienes seguramente lo completarán en su mente. Como a esta altura del cuento ya ha quedado establecida la propensión del personaje, lo más probable es que anticipen la acción de tomarlo para ponerse a dibujar[17]. Pero al pasar la hoja parece que se rompe la secuencia, pues se adivina por primera vez un dragón. Su sección central es muy fuerte, por lo que en muchos casos el lector puede quedarse ahí sin fijarse mucho en los extremos, sin duda algo desconcertado por esta ruptura en la narrativa. Sin embargo, si se detiene a analizar un momento al animal, encontrará que la cola es nada menos que la continuación del lápiz, una extremidad poco usual en la bestia reconocida momentos antes. Este guiño al lector probará tener consecuencias importantes en la trama.
Adicionalmente, es de resaltar cómo el ilustrador rompe con el esquema tradicional del papel como un universo autocontenido. Trucas se desprende del plano del libro, cual si fuese un elemento ajeno y jala el borde de la hoja para utilizarla como un objeto tridimensional. Se puede considerar que amplía su universo narrativo o inclusive que se integra al mundo exterior al libro ―¡al del lector!
Imágenes que inquietan
El color es un recurso fundamental, pues ayuda a crear una atmósfera específica. En Los misterios del Señor Burdick[18] (Fig. 9) el autor-ilustrador opta por la monocromía, hecho que en sí mismo marca una ruptura con preconcepciones sobre los colores que “debe” tener un libro infantil. El libro se conforma por una serie de ilustraciones para las que solamente se dan el título y la primera oración. Se plantean como sugerencias para que los lectores desarrollen sus propias historias.
Otra vez un objeto cotidiano tiene un comportamiento extraordinario, y el recurso para lograrlo es el claroscuro. La posición de la única fuente de luz genera oscuridad en el fondo y sombras en los objetos y el rostro de la mujer, lo que da a la ilustración una atmósfera misteriosa. A pesar de que el texto es en sí neutro, la imagen es un disparador, por lo que es muy posible que la narración resultante se vea influida por el ambiente tenebroso que genera el manejo del color.
Imágenes que narran
Hay ilustraciones que destacan por el profundo significado que encierran. Contienen muchas claves que el lector puede llegar a descifrar en diferentes niveles de lectura, mismos que varían de acuerdo a los referentes con que cuenta. Es el caso de este retrato de Cenicienta[19] (Fig. 10). Es un cuento clásico por lo que es probable que quien lo lee ya tenga una idea clara de su argumento.
A la muchacha de la parte superior, el entorno, su ropa y los objetos la muestran pobre y dedicada a labores serviles. En el reflejo, por contraste, está vestida y rodeada de objetos que dan idea de riqueza. Las flores que carga acentúan la dulzura que se aprecia en la expresión de su rostro, el color blanco en ellas y en las prendas de ambas jóvenes, la pureza de su alma. La mujer pobre, fuera del estanque, y el mayor espacio que ocupa en el dibujo muestran que la realidad es esa. El líquido es el nexo entre ambas chicas, la capacidad de espejo que puede tener es la clave para que ambas puedan coexistir. El surtidor en forma de cisne puede recordar al cuento de El patito feo, lo que refuerza el desenlace del cuento.
Cenicienta muestra su personalidad, sus dos identidades, su presente y su futuro, la magia que la rodea. El texto cumple una función informativa, mientras que la ilustración cumple una función narrativa. Por medio de esta sola imagen, Innocenti entrega al lector toda una historia…
Imágenes que revelan
El tono de un texto es difícil de captar por lectores no experimentados. Recursos como la ironía apelan a la inteligencia, y a veces requieren el apoyo de la imagen para lograr transmitir su sentido, pues el tono puede contradecir el significado que las palabras parecen tener. ¡La verdadera historia de los tres cerditos![20] (Fig. 11) da al lobo la oportunidad de contar su versión de los hechos, pues en la de los cochinitos él queda muy mal parado.
El fragmento seleccionado se ubica casi al inicio, un poco antes del encuentro con el primer cerdito. En el texto, el lobo busca descalificar a su víctima, el ¿Se imaginan? Apela a la complicidad del lector. Es extraño el manejo del color pues, por la sombra, la fuente de luz se supondría detrás del lobo, sin embargo, los tonos oscuros predominan en esta sección de la ilustración mientras que los claros están en la choza. En la sombra de la bestia, muy oscura y larga, parece que los brazos van levantados, ominosos, hacia la casa del cerdito. El lobo camina campechanamente hacia su destino. La taza de azúcar volando en el aire; la boca, aparentemente silbando una canción; la mano dentro de la bolsa… El resultado es una actitud muy cínica. Texto e ilustración se complementan y, con las pistas de ambos, dan un sentido oculto al mensaje, contrario a lo que el narrador afirma. ¿Con que el viejo pretexto de la taza de azúcar? ¡El discurso del lobo es un montaje para ocultar un crimen con todas las agravantes y el lector se percata de ello! El autor y el ilustrador logran que más de una sonrisa aparezca entre quienes tienen el libro en sus manos.
Cada libro, una aventura por descubrir
La gráfica, al igual que el lenguaje escrito, es un material maleable. Sus recursos son flexibles y el ilustrador de libros infantiles los utiliza a voluntad en la búsqueda de la transmisión del mensaje. Lo que trasluce en el conjunto de recursos formales que se han analizado es un enorme respeto hacia niños y niñas como lectores. El ilustrador se comporta como un ser inteligente que busca comunicarse con otra persona inteligente, independientemente de su edad. No existe una actitud condescendiente por el hecho de que sus interlocutores puedan ser muy jóvenes. Los mensajes implícitos y explícitos apelan no solamente al pensamiento concreto, sino también al abstracto al estimular su capacidad simbólica.
Cada historia es distinta, y cada lector también. La experiencia lectora se fortalecerá gracias al pensamiento involucrado en la lectura, no solo del código escrito, sino también de la capacidad expresiva del código gráfico. Nuevas miradas le darán a los pequeños nuevos hallazgos, descubrirán significados cada vez más profundos. Se involucra tanto, que se genera también una respuesta emocional. Y los sentimientos hacen que niñas y niños se encariñen con las historias, con los dibujos, con los libros. La lectura se convierte en una experiencia personal e irrepetible que se atesora y se busca una y otra vez.
Las cosas son porque las vemos, y lo que vemos y cómo lo vemos depende de las artes que hayan influido en nosotros.
Oscar Wilde
Bibliografía
Colomer, Teresa et al., Siete llaves para valorar las historias infantiles, Fundación Germán Sánchez Ruipérez, Madrid 2002
El libro-álbum: invención y evolución de un género para niños, Banco del libro, Venezuela 1999
Doonan, Jane. “El libro-álbum moderno”
Doppert , Monika. “Dibujar para los niños venezolanos”
Marantz, Kenneth. “Con estas luces”
Álbumes ilustrados
Aura, Alejandro, Il. de Marcos Límenes, El otro lado, FCE, Col. Los especiales de A la orilla del viento México, 1999
Bannerman, Helen, Il. de Fred Marcelino, La historia del pequeño Bábachi, Juventud, Barcelona, 1998
Dewan, Ted, Crispin, el cerdito que lo tenía todo, Barcelona, Juventud, 2000
Falconer, Ian, Olivia salva el circo, FCE, Col. Los especiales de A la orilla del viento, México, 2002
Galeano, Eduardo, Il. de Nivio López Vigil, Las aventuras de los jóvenes dioses, México, Siglo XXI, 1998
Garrido, Felipe, Il. de Marie Flusin, Lección de piano, Cidcl, Col. En Cuento, México, 2002
Gedovius, Juan, Trucas. FCE, Col. Los especiales de A la Orilla del Viento, México, 1997
Gieseler, Corinna y Markus Niesen, Il. de Annette Swoboda, ¡Muy bien, Dudú! Juventud, Barcelona 2000
Perrault, Charles. Il. de Roberto Innocenti, Cenicienta, Lumen, Barcelona, 2001
Scieszka, Jon, Il. de Lane Smith, ¡La verdadera historia de los tres cerditos!, Scholastic, Nueva York, 1993
Van Allsburg, Chris. Los misterios del Señor Burdick, FCE Col. Los especiales de A la orilla del viento, México, 1999
[1] Colomer, Teresa
et al. Siete llaves para valorar las historias infantiles. Fundación Germán Sánchez Ruipérez: Madrid 2002, pp. 30-31.
[2] Doppert, Monika. “Dibujar para los niños venezolanos.” En El libro-álbum: invención y evolución de un género para niños. Banco del libro: Venezuela 1999, pp. 63.
[3] Hay que reconocer que no en todos los libros ilustrados se aprovecha el potencial de la imagen: “Las buenas ilustraciones ambientan con el texto en una relación dinámica en la que ambos surgen más favorecidos: si lo interpretan lo enriquecen en vez de redundar; si lo amplifican lo potencian en vez de anularlo; si lo contradicen, lo hacen buscando intencionalmente la disonancia, etcétera.” (Colomer et al. 2002). Op cit.
[4] Aura, Alejandro, Il. de Marcos Límenes, El otro lado, FCE: México 1999, Col. Los especiales de A la orilla del viento, p. [19].
[5] Marantz, Kenneth, “Con estas luces”. En El libro-álbum: invención y evolución de un género para niños. Banco del libro: Venezuela 1999, pp. 11.
[6] Gieseler, Corinna y Markus Niesen, Il. de Annette Swoboda ¡Muy bien, Dudú! Juventud: Barcelona 2000, pp. [28-29].
[7] En los libros infantiles es común que los personajes aparezcan como animales humanizados, se obviará el hecho por ser irrelevante para el tema.
[8] Sin embargo, salvo que el formato u otras ilustraciones necesiten ser analizados debido al inciso específico, se considerarán imágenes aisladas.
[9] Doonan, Jane. “El libro-álbum moderno.” En El libro-álbum: invención y evolución de un género para niños. Banco del libro: Venezuela 1999, pp. 35-36
[10] Falconer, Ian. Olivia salva el circo. FCE: México 2002, Col. Los especiales de A la orilla del viento p. [22].
[11] Colomer, Teresa et al. Op cit. p. 111.
[12] Garrido, Felipe, Il. de Marie Flusin. Lección de piano. Cidcli: México 2002, Col. En Cuento, p. [16].
[13] Bannerman, Helen, Il. de Fred Marcelino. La historia del pequeño Bábachi, Juventud: Barcelona 1998, p. [35]
[14] Dewan, Ted, Crispín, el cerdito que lo tenía todo, Barcelona, 2000, Juventud, p. [14].
[15] Galeano, Eduardo, Il. de Nivio López Vigil, Las aventuras de los jóvenes dioses, México 1998, Siglo XXI, pp. [9].
[16] Gedovius, Juan, Trucas. FCE, Col. Los especiales de A la Orilla del Viento: México 1997, p [28].
[17] En este caso se toma en cuenta la respuesta presumible de los lectores en una primera lectura, aunque esta interpretación puede variar.
[18] Van Allsburg, Chris. Los misterios del Señor Burdick, FCE: México 1999, Col. Los especiales de A la orilla del viento, p. [27].
[19] Perrault, Charles, Il. de Roberto Innocenti, Cenicienta, Barcelona 2001, Lumen, p. 5.
[20] Scieszka, Jon, Il. de Lane Smith, ¡La verdadera historia de los tres cerditos!, Nueva York 1993, Scholastic, pp. [12-13].